{"id":357,"date":"2015-01-09T19:11:12","date_gmt":"2015-01-09T19:11:12","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/?p=357"},"modified":"2019-01-31T17:58:35","modified_gmt":"2019-01-31T17:58:35","slug":"","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/campo-de-batalla\/","title":{"rendered":"Campo de batalla","raw":"Campo de batalla"},"content":{"rendered":"\n<p>Relato con el que <strong>gan\u00e9 el 1er Concurso de Relatos Cortos de Aula de Escritores<\/strong> en 2010. Tambi\u00e9n est\u00e1 publicado en la antolog\u00eda de relatos <strong>Leyendo entre l\u00edneas<\/strong> de la editorial Hijos del Hule.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><span class=\"dropcap\">G<\/span>atts avanzaba a golpe de espada bajo el atardecer por el campo de batalla. A sus espaldas, el grueso de las tropas cristianas lidiaba con la avanzadilla musulmana. Delante suyo, el ej\u00e9rcito morisco se preparaba para repeler la embestida de los cruzados. Gatts levantaba el hierro y lo bland\u00eda con fuerza atravesando las corazas enemigas. Uno tras otro ca\u00edan a sus pies y Gatts segu\u00eda impasible. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 se preguntaba. Hund\u00eda la hoja en el abdomen de sus adversarios y giraba la mu\u00f1eca bruscamente. La sangre tibia le salpicaba la piel. Acto seguido, retiraba la espada con violencia y se dispon\u00eda a repetir la haza\u00f1a tantas veces como hiciera falta. Con cada golpe sus fr\u00edos dedos cruj\u00edan, era invierno, aunque en medio de la lucha eso poco importaba. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2013 se repet\u00eda. Gatts miraba fren\u00e9tico a su alrededor. Sus ojos brillaban, al igual que los de los dem\u00e1s combatientes. Los miembros mutilados volaban por doquier. A su izquierda, not\u00f3 como una flecha le rozaba la sien. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo que alguna le alcanzara. Gatts sonre\u00eda. Hac\u00eda unos instantes hab\u00eda perdido su yelmo de un mazazo que en el \u00faltimo momento hab\u00eda podido amortiguar. Notaba su frente caliente, ahora lo ve\u00eda todo te\u00f1ido de rojo. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 re\u00eda. Cada vez se sent\u00eda m\u00e1s pesado. Sus rodillas apenas le respond\u00edan de la feroz lucha, pero el brazo no le temblaba. Con cada paso los pies se le hund\u00edan en el barro. O\u00eda los chasquidos de los cascos al aplastar los cuerpos de los ca\u00eddos, de las hojas chocar salvajemente, de las flechas penetrando los escudos, pero no consegu\u00eda distinguir los gemidos de dolor, los sollozos de desesperaci\u00f3n\u2026 \u201c\u00bfD\u00f3nde estaba?\u201d \u2013 no lograba comprender. \u00danicamente hab\u00eda sitio para los gritos de los soldados envalenton\u00e1ndose. Alz\u00f3 el pu\u00f1o y se lanz\u00f3 decidido hacia el frente enemigo sin temor a la muerte en un nuevo intento de encontrarlo. Era el sue\u00f1o de cualquier guerrero, nadie titubeaba, a\u00fan tras caer abatidos, sus contrincantes ofrec\u00edan resistencia y les ten\u00eda que ensartar varias veces hasta que dejaban de moverse. Una saeta le atraves\u00f3 el muslo derecho. Gatts solt\u00f3 una carcajada. Se arranc\u00f3 la flecha y se abalanz\u00f3 renqueante hacia su agresor. Este, lejos de amilanarse, desenvain\u00f3 la espada y le infligi\u00f3 un severo corte en la otra pierna. Gatts qued\u00f3 arrodillado. Se le nublaba la vista. Ya quedaban unos pocos soldados en liza. En unos instantes vendr\u00eda la segunda oleada. Levant\u00f3 la mirada de la tierra h\u00fameda para ver como la hoja de su atacante le ca\u00eda a plomo sobre su cabeza. \u201cNo estaba, \u00bfd\u00f3nde hab\u00eda ido?\u201d \u2013 segu\u00eda interrog\u00e1ndose. A pocos cent\u00edmetros del fatal golpe, Gatts pudo interponer su escudo que se astill\u00f3 en mil pedazos. Sacando fuerzas de flaqueza, embisti\u00f3 desde el suelo a su enemigo que qued\u00f3 tumbado. Sin dudarlo, se le ech\u00f3 encima, desenfund\u00f3 su estilete y le seccion\u00f3 la car\u00f3tida. El sarraceno pereci\u00f3 sonriendo. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no estaba?\u201d \u2013 volv\u00eda a preguntarse. Gatts se apoy\u00f3 en su espada y trat\u00f3 de levantarse. El esfuerzo fue en vano, hab\u00eda perdido mucha sangre. Se desplom\u00f3 boca arriba observando las estrellas. Ahora estaba seguro, el miedo les hab\u00eda abandonado.<\/p>\n\n\n\n<p>Gatts cogi\u00f3 una bocanada de aire. No hab\u00eda tiempo para relajarse. El segundo asalto estaba cerca y, si no se pon\u00eda en pie de inmediato y regresaba a su l\u00ednea en la formaci\u00f3n, ser\u00eda carne de ca\u00f1\u00f3n para el grueso de las tropas enemigas. El ambiente ya ol\u00eda a podredumbre. Las heridas a\u00fan le dol\u00edan, pero Gatts se arm\u00f3 de valor y se arrastr\u00f3 hasta las filas cristianas. Una vez all\u00ed, le pusieron un par de vendas para frenar las hemorragias y ya se dispuso en su sitio preparado para recibir \u00f3rdenes de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pelot\u00f3n, los soldados rasos hablaban despreocupados bajo la mirada reprobadora de los generales. Al igual que horas antes, unos comentaban c\u00f3mo le pedir\u00edan la mano a la hija del se\u00f1or sin temer las posibles consecuencias. A diestro y siniestro se o\u00edan las voces de los hombres m\u00e1s humildes dispuestos a hacerse escuchar. El mismo Gatts se hab\u00eda empezado a cuestionar el por qu\u00e9 iban a conquistar a los infieles si, al fin y al cabo, eran hombres como los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los minutos y los sue\u00f1os de unos y otros se diluyeron en la noche. Hab\u00eda llegado el momento de la verdad, los dos ej\u00e9rcitos reagrupados volv\u00edan a encontrarse cara a cara. Los tambores de guerra lat\u00edan de nuevo. La infanter\u00eda al frente, los arqueros detr\u00e1s, la caballer\u00eda cubriendo la retaguardia. Los generales repasaban sus filas y las preparaban para el \u00faltimo asalto. Sonaron los cuernos de guerra y descargaron las primeras ballestas. Pronto los dos bandos se vieron inmersos en la batalla. Gatts repel\u00eda las embestidas de los moriscos, pero no contraatacaba. Se limitaba a defender a la expectativa. Los golpes de sus rivales no se parec\u00edan en nada a los de la escaramuza anterior. Los capitanes arengaban a sus compatriotas, pero los v\u00edtores no surt\u00edan efecto. La danza prosegu\u00eda y, entonces, con la llegada del alba, en lo alto de los montes colindantes aparecieron recortadas centenares de figuras. Eran los habitantes de la regi\u00f3n, dispuestos a pelear por su tierra y a expulsar a los invasores. Al un\u00edsono, corrieron desde las carenas como una horda de salvajes abalanz\u00e1ndose sobre los agresores blandiendo sus horcas, sus hoces, sus palos y sus hachas. Los campesinos no distingu\u00edan a moros de cristianos, fueron directamente a por los cabecillas, arrasando con todo lo que se interpon\u00eda a su paso. Gatts se les uni\u00f3. Al fin volv\u00eda a encontrar una motivaci\u00f3n para luchar. Y como \u00e9l, muchos m\u00e1s le siguieron. La batalla recobr\u00f3 la fiereza. De nuevo volaban extremidades en vez de cometas y los charcos de sangre se alimentaban de carne fresca. Gatts no pod\u00eda dejar de re\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco fue amaneciendo. El sol estaba escondido detr\u00e1s de una espesa capa de nubes de tormenta que presagiaban el devenir de la batalla. Entre choque y choque, Gatts pudo divisar una nueva silueta en lo alto de la colina m\u00e1s cercana. Un escalofr\u00edo le recorri\u00f3 el cuerpo. Se deshizo de su en\u00e9simo oponente atraves\u00e1ndole el cuello con la espada y puso rumbo a la cima. El pulso le temblaba. Toda la contienda parec\u00eda verse arrastrada hacia all\u00ed. Hac\u00eda fr\u00edo, viento, hab\u00eda empezado a llover, ten\u00eda los huesos calados de humedad. A los lugare\u00f1os se les estaba agotando la energ\u00eda. Era como si una presencia les estuviera absorbiendo las fuerzas. Sab\u00eda lo que ocurr\u00eda, el miedo hab\u00eda regresado.<\/p>\n\n\n\n<p>Gatts se abr\u00eda paso cada vez con m\u00e1s facilidad. Los hierros rivales ya no opon\u00edan resistencia, sus hojas se doblaban al igual que lo hab\u00eda hecho su voluntad. Ya s\u00f3lo se o\u00edan sus botas rompiendo el manto de escarcha. Metro a metro, lleg\u00f3 a la cumbre. El miedo le aguardaba. Era un ser oscuro, que se tragaba toda la luz a su alrededor. Los guerreros, los campesinos que instantes antes combat\u00edan embravecidos, tiritaban ahora indefensos, las manos, los pies, el pecho, los labios hab\u00edan quedado completamente inm\u00f3viles, paralizados. Apenas pod\u00edan sostener sus armas, s\u00f3lo quer\u00edan huir, pero el pavor que se hab\u00eda adue\u00f1ado de sus almas se lo imped\u00eda. \u00bfC\u00f3mo hab\u00edan osado ser tan intr\u00e9pidos? \u00bfC\u00f3mo se hab\u00edan atrevido a revelarse contra el orden establecido? Las l\u00e1grimas les brotaban de sus ojos a borbotones. Hab\u00edan ca\u00eddo postrados ante aquel ser que todo lo pose\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Gatts no estaba dispuesto a sucumbir. Sin miedo, quedaba al descubierto la m\u00e1s pura naturaleza humana. Cada cu\u00e1l har\u00eda lo que desease, sin temor a las represalias, sin temor a las opiniones de los dem\u00e1s, a ser rechazado, a no cumplir con las expectativas. Prevalecer\u00eda la maldad o se impondr\u00eda la bondad. Daba igual\u2026 sin miedo, todos ten\u00edan una oportunidad. Gatts agarr\u00f3 con firmeza la empu\u00f1adura de su espada. Se plant\u00f3 delante del ser oscuro y proclam\u00f3 al viento. \u201c\u00a1No te tengo miedo!\u201d. Alz\u00f3 el hierro, le atraves\u00f3 el vientre y as\u00ed pudo apaciguar sus insaciables ansias de venganza.<\/p>\n","protected":false,"raw":"<!-- wp:paragraph -->\n<p>Relato con el que <strong>gan\u00e9 el 1er Concurso de Relatos Cortos de Aula de Escritores<\/strong> en 2010. Tambi\u00e9n est\u00e1 publicado en la antolog\u00eda de relatos <strong>Leyendo entre l\u00edneas<\/strong> de la editorial Hijos del Hule.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:separator -->\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n<!-- \/wp:separator -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p><span class=\"dropcap\">G<\/span>atts avanzaba a golpe de espada bajo el atardecer por el campo de batalla. A sus espaldas, el grueso de las tropas cristianas lidiaba con la avanzadilla musulmana. Delante suyo, el ej\u00e9rcito morisco se preparaba para repeler la embestida de los cruzados. Gatts levantaba el hierro y lo bland\u00eda con fuerza atravesando las corazas enemigas. Uno tras otro ca\u00edan a sus pies y Gatts segu\u00eda impasible. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 se preguntaba. Hund\u00eda la hoja en el abdomen de sus adversarios y giraba la mu\u00f1eca bruscamente. La sangre tibia le salpicaba la piel. Acto seguido, retiraba la espada con violencia y se dispon\u00eda a repetir la haza\u00f1a tantas veces como hiciera falta. Con cada golpe sus fr\u00edos dedos cruj\u00edan, era invierno, aunque en medio de la lucha eso poco importaba. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2013 se repet\u00eda. Gatts miraba fren\u00e9tico a su alrededor. Sus ojos brillaban, al igual que los de los dem\u00e1s combatientes. Los miembros mutilados volaban por doquier. A su izquierda, not\u00f3 como una flecha le rozaba la sien. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo que alguna le alcanzara. Gatts sonre\u00eda. Hac\u00eda unos instantes hab\u00eda perdido su yelmo de un mazazo que en el \u00faltimo momento hab\u00eda podido amortiguar. Notaba su frente caliente, ahora lo ve\u00eda todo te\u00f1ido de rojo. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 re\u00eda. Cada vez se sent\u00eda m\u00e1s pesado. Sus rodillas apenas le respond\u00edan de la feroz lucha, pero el brazo no le temblaba. Con cada paso los pies se le hund\u00edan en el barro. O\u00eda los chasquidos de los cascos al aplastar los cuerpos de los ca\u00eddos, de las hojas chocar salvajemente, de las flechas penetrando los escudos, pero no consegu\u00eda distinguir los gemidos de dolor, los sollozos de desesperaci\u00f3n\u2026 \u201c\u00bfD\u00f3nde estaba?\u201d \u2013 no lograba comprender. \u00danicamente hab\u00eda sitio para los gritos de los soldados envalenton\u00e1ndose. Alz\u00f3 el pu\u00f1o y se lanz\u00f3 decidido hacia el frente enemigo sin temor a la muerte en un nuevo intento de encontrarlo. Era el sue\u00f1o de cualquier guerrero, nadie titubeaba, a\u00fan tras caer abatidos, sus contrincantes ofrec\u00edan resistencia y les ten\u00eda que ensartar varias veces hasta que dejaban de moverse. Una saeta le atraves\u00f3 el muslo derecho. Gatts solt\u00f3 una carcajada. Se arranc\u00f3 la flecha y se abalanz\u00f3 renqueante hacia su agresor. Este, lejos de amilanarse, desenvain\u00f3 la espada y le infligi\u00f3 un severo corte en la otra pierna. Gatts qued\u00f3 arrodillado. Se le nublaba la vista. Ya quedaban unos pocos soldados en liza. En unos instantes vendr\u00eda la segunda oleada. Levant\u00f3 la mirada de la tierra h\u00fameda para ver como la hoja de su atacante le ca\u00eda a plomo sobre su cabeza. \u201cNo estaba, \u00bfd\u00f3nde hab\u00eda ido?\u201d \u2013 segu\u00eda interrog\u00e1ndose. A pocos cent\u00edmetros del fatal golpe, Gatts pudo interponer su escudo que se astill\u00f3 en mil pedazos. Sacando fuerzas de flaqueza, embisti\u00f3 desde el suelo a su enemigo que qued\u00f3 tumbado. Sin dudarlo, se le ech\u00f3 encima, desenfund\u00f3 su estilete y le seccion\u00f3 la car\u00f3tida. El sarraceno pereci\u00f3 sonriendo. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no estaba?\u201d \u2013 volv\u00eda a preguntarse. Gatts se apoy\u00f3 en su espada y trat\u00f3 de levantarse. El esfuerzo fue en vano, hab\u00eda perdido mucha sangre. Se desplom\u00f3 boca arriba observando las estrellas. Ahora estaba seguro, el miedo les hab\u00eda abandonado.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts cogi\u00f3 una bocanada de aire. No hab\u00eda tiempo para relajarse. El segundo asalto estaba cerca y, si no se pon\u00eda en pie de inmediato y regresaba a su l\u00ednea en la formaci\u00f3n, ser\u00eda carne de ca\u00f1\u00f3n para el grueso de las tropas enemigas. El ambiente ya ol\u00eda a podredumbre. Las heridas a\u00fan le dol\u00edan, pero Gatts se arm\u00f3 de valor y se arrastr\u00f3 hasta las filas cristianas. Una vez all\u00ed, le pusieron un par de vendas para frenar las hemorragias y ya se dispuso en su sitio preparado para recibir \u00f3rdenes de nuevo.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>En el pelot\u00f3n, los soldados rasos hablaban despreocupados bajo la mirada reprobadora de los generales. Al igual que horas antes, unos comentaban c\u00f3mo le pedir\u00edan la mano a la hija del se\u00f1or sin temer las posibles consecuencias. A diestro y siniestro se o\u00edan las voces de los hombres m\u00e1s humildes dispuestos a hacerse escuchar. El mismo Gatts se hab\u00eda empezado a cuestionar el por qu\u00e9 iban a conquistar a los infieles si, al fin y al cabo, eran hombres como los dem\u00e1s.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Pasaron los minutos y los sue\u00f1os de unos y otros se diluyeron en la noche. Hab\u00eda llegado el momento de la verdad, los dos ej\u00e9rcitos reagrupados volv\u00edan a encontrarse cara a cara. Los tambores de guerra lat\u00edan de nuevo. La infanter\u00eda al frente, los arqueros detr\u00e1s, la caballer\u00eda cubriendo la retaguardia. Los generales repasaban sus filas y las preparaban para el \u00faltimo asalto. Sonaron los cuernos de guerra y descargaron las primeras ballestas. Pronto los dos bandos se vieron inmersos en la batalla. Gatts repel\u00eda las embestidas de los moriscos, pero no contraatacaba. Se limitaba a defender a la expectativa. Los golpes de sus rivales no se parec\u00edan en nada a los de la escaramuza anterior. Los capitanes arengaban a sus compatriotas, pero los v\u00edtores no surt\u00edan efecto. La danza prosegu\u00eda y, entonces, con la llegada del alba, en lo alto de los montes colindantes aparecieron recortadas centenares de figuras. Eran los habitantes de la regi\u00f3n, dispuestos a pelear por su tierra y a expulsar a los invasores. Al un\u00edsono, corrieron desde las carenas como una horda de salvajes abalanz\u00e1ndose sobre los agresores blandiendo sus horcas, sus hoces, sus palos y sus hachas. Los campesinos no distingu\u00edan a moros de cristianos, fueron directamente a por los cabecillas, arrasando con todo lo que se interpon\u00eda a su paso. Gatts se les uni\u00f3. Al fin volv\u00eda a encontrar una motivaci\u00f3n para luchar. Y como \u00e9l, muchos m\u00e1s le siguieron. La batalla recobr\u00f3 la fiereza. De nuevo volaban extremidades en vez de cometas y los charcos de sangre se alimentaban de carne fresca. Gatts no pod\u00eda dejar de re\u00edr.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Poco a poco fue amaneciendo. El sol estaba escondido detr\u00e1s de una espesa capa de nubes de tormenta que presagiaban el devenir de la batalla. Entre choque y choque, Gatts pudo divisar una nueva silueta en lo alto de la colina m\u00e1s cercana. Un escalofr\u00edo le recorri\u00f3 el cuerpo. Se deshizo de su en\u00e9simo oponente atraves\u00e1ndole el cuello con la espada y puso rumbo a la cima. El pulso le temblaba. Toda la contienda parec\u00eda verse arrastrada hacia all\u00ed. Hac\u00eda fr\u00edo, viento, hab\u00eda empezado a llover, ten\u00eda los huesos calados de humedad. A los lugare\u00f1os se les estaba agotando la energ\u00eda. Era como si una presencia les estuviera absorbiendo las fuerzas. Sab\u00eda lo que ocurr\u00eda, el miedo hab\u00eda regresado.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts se abr\u00eda paso cada vez con m\u00e1s facilidad. Los hierros rivales ya no opon\u00edan resistencia, sus hojas se doblaban al igual que lo hab\u00eda hecho su voluntad. Ya s\u00f3lo se o\u00edan sus botas rompiendo el manto de escarcha. Metro a metro, lleg\u00f3 a la cumbre. El miedo le aguardaba. Era un ser oscuro, que se tragaba toda la luz a su alrededor. Los guerreros, los campesinos que instantes antes combat\u00edan embravecidos, tiritaban ahora indefensos, las manos, los pies, el pecho, los labios hab\u00edan quedado completamente inm\u00f3viles, paralizados. Apenas pod\u00edan sostener sus armas, s\u00f3lo quer\u00edan huir, pero el pavor que se hab\u00eda adue\u00f1ado de sus almas se lo imped\u00eda. \u00bfC\u00f3mo hab\u00edan osado ser tan intr\u00e9pidos? \u00bfC\u00f3mo se hab\u00edan atrevido a revelarse contra el orden establecido? Las l\u00e1grimas les brotaban de sus ojos a borbotones. Hab\u00edan ca\u00eddo postrados ante aquel ser que todo lo pose\u00eda.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts no estaba dispuesto a sucumbir. Sin miedo, quedaba al descubierto la m\u00e1s pura naturaleza humana. Cada cu\u00e1l har\u00eda lo que desease, sin temor a las represalias, sin temor a las opiniones de los dem\u00e1s, a ser rechazado, a no cumplir con las expectativas. Prevalecer\u00eda la maldad o se impondr\u00eda la bondad. Daba igual\u2026 sin miedo, todos ten\u00edan una oportunidad. Gatts agarr\u00f3 con firmeza la empu\u00f1adura de su espada. Se plant\u00f3 delante del ser oscuro y proclam\u00f3 al viento. \u201c\u00a1No te tengo miedo!\u201d. 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Uno tras otro ca\u00edan a sus pies y Gatts segu\u00eda impasible. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 se preguntaba. Hund\u00eda la hoja en el abdomen de sus adversarios y giraba la mu\u00f1eca bruscamente. La sangre tibia le salpicaba la piel. Acto seguido, retiraba la espada con violencia y se dispon\u00eda a repetir la haza\u00f1a tantas veces como hiciera falta. Con cada golpe sus fr\u00edos dedos cruj\u00edan, era invierno, aunque en medio de la lucha eso poco importaba. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2013 se repet\u00eda. Gatts miraba fren\u00e9tico a su alrededor. Sus ojos brillaban, al igual que los de los dem\u00e1s combatientes. Los miembros mutilados volaban por doquier. A su izquierda, not\u00f3 como una flecha le rozaba la sien. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo que alguna le alcanzara. Gatts sonre\u00eda. Hac\u00eda unos instantes hab\u00eda perdido su yelmo de un mazazo que en el \u00faltimo momento hab\u00eda podido amortiguar. Notaba su frente caliente, ahora lo ve\u00eda todo te\u00f1ido de rojo. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 re\u00eda. Cada vez se sent\u00eda m\u00e1s pesado. Sus rodillas apenas le respond\u00edan de la feroz lucha, pero el brazo no le temblaba. Con cada paso los pies se le hund\u00edan en el barro. O\u00eda los chasquidos de los cascos al aplastar los cuerpos de los ca\u00eddos, de las hojas chocar salvajemente, de las flechas penetrando los escudos, pero no consegu\u00eda distinguir los gemidos de dolor, los sollozos de desesperaci\u00f3n\u2026 \u201c\u00bfD\u00f3nde estaba?\u201d \u2013 no lograba comprender. \u00danicamente hab\u00eda sitio para los gritos de los soldados envalenton\u00e1ndose. Alz\u00f3 el pu\u00f1o y se lanz\u00f3 decidido hacia el frente enemigo sin temor a la muerte en un nuevo intento de encontrarlo. Era el sue\u00f1o de cualquier guerrero, nadie titubeaba, a\u00fan tras caer abatidos, sus contrincantes ofrec\u00edan resistencia y les ten\u00eda que ensartar varias veces hasta que dejaban de moverse. Una saeta le atraves\u00f3 el muslo derecho. Gatts solt\u00f3 una carcajada. Se arranc\u00f3 la flecha y se abalanz\u00f3 renqueante hacia su agresor. Este, lejos de amilanarse, desenvain\u00f3 la espada y le infligi\u00f3 un severo corte en la otra pierna. Gatts qued\u00f3 arrodillado. Se le nublaba la vista. Ya quedaban unos pocos soldados en liza. En unos instantes vendr\u00eda la segunda oleada. Levant\u00f3 la mirada de la tierra h\u00fameda para ver como la hoja de su atacante le ca\u00eda a plomo sobre su cabeza. \u201cNo estaba, \u00bfd\u00f3nde hab\u00eda ido?\u201d \u2013 segu\u00eda interrog\u00e1ndose. A pocos cent\u00edmetros del fatal golpe, Gatts pudo interponer su escudo que se astill\u00f3 en mil pedazos. Sacando fuerzas de flaqueza, embisti\u00f3 desde el suelo a su enemigo que qued\u00f3 tumbado. Sin dudarlo, se le ech\u00f3 encima, desenfund\u00f3 su estilete y le seccion\u00f3 la car\u00f3tida. El sarraceno pereci\u00f3 sonriendo. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no estaba?\u201d \u2013 volv\u00eda a preguntarse. Gatts se apoy\u00f3 en su espada y trat\u00f3 de levantarse. El esfuerzo fue en vano, hab\u00eda perdido mucha sangre. Se desplom\u00f3 boca arriba observando las estrellas. Ahora estaba seguro, el miedo les hab\u00eda abandonado.\n\nGatts cogi\u00f3 una bocanada de aire. No hab\u00eda tiempo para relajarse. El segundo asalto estaba cerca y, si no se pon\u00eda en pie de inmediato y regresaba a su l\u00ednea en la formaci\u00f3n, ser\u00eda carne de ca\u00f1\u00f3n para el grueso de las tropas enemigas. El ambiente ya ol\u00eda a podredumbre. Las heridas a\u00fan le dol\u00edan, pero Gatts se arm\u00f3 de valor y se arrastr\u00f3 hasta las filas cristianas. Una vez all\u00ed, le pusieron un par de vendas para frenar las hemorragias y ya se dispuso en su sitio preparado para recibir \u00f3rdenes de nuevo.\n\nEn el pelot\u00f3n, los soldados rasos hablaban despreocupados bajo la mirada reprobadora de los generales. Al igual que horas antes, unos comentaban c\u00f3mo le pedir\u00edan la mano a la hija del se\u00f1or sin temer las posibles consecuencias. A diestro y siniestro se o\u00edan las voces de los hombres m\u00e1s humildes dispuestos a hacerse escuchar. El mismo Gatts se hab\u00eda empezado a cuestionar el por qu\u00e9 iban a conquistar a los infieles si, al fin y al cabo, eran hombres como los dem\u00e1s.\n\nPasaron los minutos y los sue\u00f1os de unos y otros se diluyeron en la noche. Hab\u00eda llegado el momento de la verdad, los dos ej\u00e9rcitos reagrupados volv\u00edan a encontrarse cara a cara. Los tambores de guerra lat\u00edan de nuevo. La infanter\u00eda al frente, los arqueros detr\u00e1s, la caballer\u00eda cubriendo la retaguardia. Los generales repasaban sus filas y las preparaban para el \u00faltimo asalto. Sonaron los cuernos de guerra y descargaron las primeras ballestas. Pronto los dos bandos se vieron inmersos en la batalla. Gatts repel\u00eda las embestidas de los moriscos, pero no contraatacaba. Se limitaba a defender a la expectativa. Los golpes de sus rivales no se parec\u00edan en nada a los de la escaramuza anterior. Los capitanes arengaban a sus compatriotas, pero los v\u00edtores no surt\u00edan efecto. La danza prosegu\u00eda y, entonces, con la llegada del alba, en lo alto de los montes colindantes aparecieron recortadas centenares de figuras. Eran los habitantes de la regi\u00f3n, dispuestos a pelear por su tierra y a expulsar a los invasores. Al un\u00edsono, corrieron desde las carenas como una horda de salvajes abalanz\u00e1ndose sobre los agresores blandiendo sus horcas, sus hoces, sus palos y sus hachas. Los campesinos no distingu\u00edan a moros de cristianos, fueron directamente a por los cabecillas, arrasando con todo lo que se interpon\u00eda a su paso. Gatts se les uni\u00f3. Al fin volv\u00eda a encontrar una motivaci\u00f3n para luchar. Y como \u00e9l, muchos m\u00e1s le siguieron. La batalla recobr\u00f3 la fiereza. De nuevo volaban extremidades en vez de cometas y los charcos de sangre se alimentaban de carne fresca. Gatts no pod\u00eda dejar de re\u00edr.\n\nPoco a poco fue amaneciendo. El sol estaba escondido detr\u00e1s de una espesa capa de nubes de tormenta que presagiaban el devenir de la batalla. Entre choque y choque, Gatts pudo divisar una nueva silueta en lo alto de la colina m\u00e1s cercana. Un escalofr\u00edo le recorri\u00f3 el cuerpo. Se deshizo de su en\u00e9simo oponente atraves\u00e1ndole el cuello con la espada y puso rumbo a la cima. El pulso le temblaba. Toda la contienda parec\u00eda verse arrastrada hacia all\u00ed. Hac\u00eda fr\u00edo, viento, hab\u00eda empezado a llover, ten\u00eda los huesos calados de humedad. A los lugare\u00f1os se les estaba agotando la energ\u00eda. Era como si una presencia les estuviera absorbiendo las fuerzas. Sab\u00eda lo que ocurr\u00eda, el miedo hab\u00eda regresado.\n\nGatts se abr\u00eda paso cada vez con m\u00e1s facilidad. Los hierros rivales ya no opon\u00edan resistencia, sus hojas se doblaban al igual que lo hab\u00eda hecho su voluntad. Ya s\u00f3lo se o\u00edan sus botas rompiendo el manto de escarcha. Metro a metro, lleg\u00f3 a la cumbre. El miedo le aguardaba. Era un ser oscuro, que se tragaba toda la luz a su alrededor. Los guerreros, los campesinos que instantes antes combat\u00edan embravecidos, tiritaban ahora indefensos, las manos, los pies, el pecho, los labios hab\u00edan quedado completamente inm\u00f3viles, paralizados. Apenas pod\u00edan sostener sus armas, s\u00f3lo quer\u00edan huir, pero el pavor que se hab\u00eda adue\u00f1ado de sus almas se lo imped\u00eda. \u00bfC\u00f3mo hab\u00edan osado ser tan intr\u00e9pidos? \u00bfC\u00f3mo se hab\u00edan atrevido a revelarse contra el orden establecido? Las l\u00e1grimas les brotaban de sus ojos a borbotones. Hab\u00edan ca\u00eddo postrados ante aquel ser que todo lo pose\u00eda.\n\nGatts no estaba dispuesto a sucumbir. Sin miedo, quedaba al descubierto la m\u00e1s pura naturaleza humana. Cada cu\u00e1l har\u00eda lo que desease, sin temor a las represalias, sin temor a las opiniones de los dem\u00e1s, a ser rechazado, a no cumplir con las expectativas. Prevalecer\u00eda la maldad o se impondr\u00eda la bondad. Daba igual\u2026 sin miedo, todos ten\u00edan una oportunidad. Gatts agarr\u00f3 con firmeza la empu\u00f1adura de su espada. Se plant\u00f3 delante del ser oscuro y proclam\u00f3 al viento. \u201c\u00a1No te tengo miedo!\u201d. Alz\u00f3 el hierro, le atraves\u00f3 el vientre y as\u00ed pudo apaciguar sus insaciables ansias de venganza.","_ca_post_name":"campo-de-batalla","_ca_post_excerpt":"","_ca_post_title":"Campo de batalla","_es_post_content":"<!-- wp:paragraph -->\n<p>Relato con el que <strong>gan\u00e9 el 1er Concurso de Relatos Cortos de Aula de Escritores<\/strong> en 2010. Tambi\u00e9n est\u00e1 publicado en la antolog\u00eda de relatos <strong>Leyendo entre l\u00edneas<\/strong> de la editorial Hijos del Hule.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:separator -->\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n<!-- \/wp:separator -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p><span class=\"dropcap\">G<\/span>atts avanzaba a golpe de espada bajo el atardecer por el campo de batalla. A sus espaldas, el grueso de las tropas cristianas lidiaba con la avanzadilla musulmana. Delante suyo, el ej\u00e9rcito morisco se preparaba para repeler la embestida de los cruzados. Gatts levantaba el hierro y lo bland\u00eda con fuerza atravesando las corazas enemigas. Uno tras otro ca\u00edan a sus pies y Gatts segu\u00eda impasible. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 se preguntaba. Hund\u00eda la hoja en el abdomen de sus adversarios y giraba la mu\u00f1eca bruscamente. La sangre tibia le salpicaba la piel. Acto seguido, retiraba la espada con violencia y se dispon\u00eda a repetir la haza\u00f1a tantas veces como hiciera falta. Con cada golpe sus fr\u00edos dedos cruj\u00edan, era invierno, aunque en medio de la lucha eso poco importaba. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2013 se repet\u00eda. Gatts miraba fren\u00e9tico a su alrededor. Sus ojos brillaban, al igual que los de los dem\u00e1s combatientes. Los miembros mutilados volaban por doquier. A su izquierda, not\u00f3 como una flecha le rozaba la sien. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo que alguna le alcanzara. Gatts sonre\u00eda. Hac\u00eda unos instantes hab\u00eda perdido su yelmo de un mazazo que en el \u00faltimo momento hab\u00eda podido amortiguar. Notaba su frente caliente, ahora lo ve\u00eda todo te\u00f1ido de rojo. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 re\u00eda. Cada vez se sent\u00eda m\u00e1s pesado. Sus rodillas apenas le respond\u00edan de la feroz lucha, pero el brazo no le temblaba. Con cada paso los pies se le hund\u00edan en el barro. O\u00eda los chasquidos de los cascos al aplastar los cuerpos de los ca\u00eddos, de las hojas chocar salvajemente, de las flechas penetrando los escudos, pero no consegu\u00eda distinguir los gemidos de dolor, los sollozos de desesperaci\u00f3n\u2026 \u201c\u00bfD\u00f3nde estaba?\u201d \u2013 no lograba comprender. \u00danicamente hab\u00eda sitio para los gritos de los soldados envalenton\u00e1ndose. Alz\u00f3 el pu\u00f1o y se lanz\u00f3 decidido hacia el frente enemigo sin temor a la muerte en un nuevo intento de encontrarlo. Era el sue\u00f1o de cualquier guerrero, nadie titubeaba, a\u00fan tras caer abatidos, sus contrincantes ofrec\u00edan resistencia y les ten\u00eda que ensartar varias veces hasta que dejaban de moverse. Una saeta le atraves\u00f3 el muslo derecho. Gatts solt\u00f3 una carcajada. Se arranc\u00f3 la flecha y se abalanz\u00f3 renqueante hacia su agresor. Este, lejos de amilanarse, desenvain\u00f3 la espada y le infligi\u00f3 un severo corte en la otra pierna. Gatts qued\u00f3 arrodillado. Se le nublaba la vista. Ya quedaban unos pocos soldados en liza. En unos instantes vendr\u00eda la segunda oleada. Levant\u00f3 la mirada de la tierra h\u00fameda para ver como la hoja de su atacante le ca\u00eda a plomo sobre su cabeza. \u201cNo estaba, \u00bfd\u00f3nde hab\u00eda ido?\u201d \u2013 segu\u00eda interrog\u00e1ndose. A pocos cent\u00edmetros del fatal golpe, Gatts pudo interponer su escudo que se astill\u00f3 en mil pedazos. Sacando fuerzas de flaqueza, embisti\u00f3 desde el suelo a su enemigo que qued\u00f3 tumbado. Sin dudarlo, se le ech\u00f3 encima, desenfund\u00f3 su estilete y le seccion\u00f3 la car\u00f3tida. El sarraceno pereci\u00f3 sonriendo. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no estaba?\u201d \u2013 volv\u00eda a preguntarse. Gatts se apoy\u00f3 en su espada y trat\u00f3 de levantarse. El esfuerzo fue en vano, hab\u00eda perdido mucha sangre. Se desplom\u00f3 boca arriba observando las estrellas. Ahora estaba seguro, el miedo les hab\u00eda abandonado.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts cogi\u00f3 una bocanada de aire. No hab\u00eda tiempo para relajarse. El segundo asalto estaba cerca y, si no se pon\u00eda en pie de inmediato y regresaba a su l\u00ednea en la formaci\u00f3n, ser\u00eda carne de ca\u00f1\u00f3n para el grueso de las tropas enemigas. El ambiente ya ol\u00eda a podredumbre. Las heridas a\u00fan le dol\u00edan, pero Gatts se arm\u00f3 de valor y se arrastr\u00f3 hasta las filas cristianas. Una vez all\u00ed, le pusieron un par de vendas para frenar las hemorragias y ya se dispuso en su sitio preparado para recibir \u00f3rdenes de nuevo.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>En el pelot\u00f3n, los soldados rasos hablaban despreocupados bajo la mirada reprobadora de los generales. Al igual que horas antes, unos comentaban c\u00f3mo le pedir\u00edan la mano a la hija del se\u00f1or sin temer las posibles consecuencias. A diestro y siniestro se o\u00edan las voces de los hombres m\u00e1s humildes dispuestos a hacerse escuchar. El mismo Gatts se hab\u00eda empezado a cuestionar el por qu\u00e9 iban a conquistar a los infieles si, al fin y al cabo, eran hombres como los dem\u00e1s.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Pasaron los minutos y los sue\u00f1os de unos y otros se diluyeron en la noche. Hab\u00eda llegado el momento de la verdad, los dos ej\u00e9rcitos reagrupados volv\u00edan a encontrarse cara a cara. Los tambores de guerra lat\u00edan de nuevo. La infanter\u00eda al frente, los arqueros detr\u00e1s, la caballer\u00eda cubriendo la retaguardia. Los generales repasaban sus filas y las preparaban para el \u00faltimo asalto. Sonaron los cuernos de guerra y descargaron las primeras ballestas. Pronto los dos bandos se vieron inmersos en la batalla. Gatts repel\u00eda las embestidas de los moriscos, pero no contraatacaba. Se limitaba a defender a la expectativa. Los golpes de sus rivales no se parec\u00edan en nada a los de la escaramuza anterior. Los capitanes arengaban a sus compatriotas, pero los v\u00edtores no surt\u00edan efecto. La danza prosegu\u00eda y, entonces, con la llegada del alba, en lo alto de los montes colindantes aparecieron recortadas centenares de figuras. Eran los habitantes de la regi\u00f3n, dispuestos a pelear por su tierra y a expulsar a los invasores. Al un\u00edsono, corrieron desde las carenas como una horda de salvajes abalanz\u00e1ndose sobre los agresores blandiendo sus horcas, sus hoces, sus palos y sus hachas. Los campesinos no distingu\u00edan a moros de cristianos, fueron directamente a por los cabecillas, arrasando con todo lo que se interpon\u00eda a su paso. Gatts se les uni\u00f3. Al fin volv\u00eda a encontrar una motivaci\u00f3n para luchar. Y como \u00e9l, muchos m\u00e1s le siguieron. La batalla recobr\u00f3 la fiereza. De nuevo volaban extremidades en vez de cometas y los charcos de sangre se alimentaban de carne fresca. 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Los hierros rivales ya no opon\u00edan resistencia, sus hojas se doblaban al igual que lo hab\u00eda hecho su voluntad. Ya s\u00f3lo se o\u00edan sus botas rompiendo el manto de escarcha. Metro a metro, lleg\u00f3 a la cumbre. El miedo le aguardaba. Era un ser oscuro, que se tragaba toda la luz a su alrededor. Los guerreros, los campesinos que instantes antes combat\u00edan embravecidos, tiritaban ahora indefensos, las manos, los pies, el pecho, los labios hab\u00edan quedado completamente inm\u00f3viles, paralizados. Apenas pod\u00edan sostener sus armas, s\u00f3lo quer\u00edan huir, pero el pavor que se hab\u00eda adue\u00f1ado de sus almas se lo imped\u00eda. \u00bfC\u00f3mo hab\u00edan osado ser tan intr\u00e9pidos? \u00bfC\u00f3mo se hab\u00edan atrevido a revelarse contra el orden establecido? Las l\u00e1grimas les brotaban de sus ojos a borbotones. Hab\u00edan ca\u00eddo postrados ante aquel ser que todo lo pose\u00eda.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts no estaba dispuesto a sucumbir. Sin miedo, quedaba al descubierto la m\u00e1s pura naturaleza humana. Cada cu\u00e1l har\u00eda lo que desease, sin temor a las represalias, sin temor a las opiniones de los dem\u00e1s, a ser rechazado, a no cumplir con las expectativas. Prevalecer\u00eda la maldad o se impondr\u00eda la bondad. Daba igual\u2026 sin miedo, todos ten\u00edan una oportunidad. Gatts agarr\u00f3 con firmeza la empu\u00f1adura de su espada. Se plant\u00f3 delante del ser oscuro y proclam\u00f3 al viento. \u201c\u00a1No te tengo miedo!\u201d. 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Gatts levantaba el hierro y lo bland\u00eda con fuerza atravesando las corazas enemigas. Uno tras otro ca\u00edan a sus pies y Gatts segu\u00eda impasible. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 se preguntaba. Hund\u00eda la hoja en el abdomen de sus adversarios y giraba la mu\u00f1eca bruscamente. La sangre tibia le salpicaba la piel. Acto seguido, retiraba la espada con violencia y se dispon\u00eda a repetir la haza\u00f1a tantas veces como hiciera falta. Con cada golpe sus fr\u00edos dedos cruj\u00edan, era invierno, aunque en medio de la lucha eso poco importaba. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u2013 se repet\u00eda. Gatts miraba fren\u00e9tico a su alrededor. Sus ojos brillaban, al igual que los de los dem\u00e1s combatientes. Los miembros mutilados volaban por doquier. A su izquierda, not\u00f3 como una flecha le rozaba la sien. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de tiempo que alguna le alcanzara. Gatts sonre\u00eda. Hac\u00eda unos instantes hab\u00eda perdido su yelmo de un mazazo que en el \u00faltimo momento hab\u00eda podido amortiguar. Notaba su frente caliente, ahora lo ve\u00eda todo te\u00f1ido de rojo. \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1?\u201d \u2013 re\u00eda. Cada vez se sent\u00eda m\u00e1s pesado. Sus rodillas apenas le respond\u00edan de la feroz lucha, pero el brazo no le temblaba. Con cada paso los pies se le hund\u00edan en el barro. O\u00eda los chasquidos de los cascos al aplastar los cuerpos de los ca\u00eddos, de las hojas chocar salvajemente, de las flechas penetrando los escudos, pero no consegu\u00eda distinguir los gemidos de dolor, los sollozos de desesperaci\u00f3n\u2026 \u201c\u00bfD\u00f3nde estaba?\u201d \u2013 no lograba comprender. \u00danicamente hab\u00eda sitio para los gritos de los soldados envalenton\u00e1ndose. Alz\u00f3 el pu\u00f1o y se lanz\u00f3 decidido hacia el frente enemigo sin temor a la muerte en un nuevo intento de encontrarlo. Era el sue\u00f1o de cualquier guerrero, nadie titubeaba, a\u00fan tras caer abatidos, sus contrincantes ofrec\u00edan resistencia y les ten\u00eda que ensartar varias veces hasta que dejaban de moverse. Una saeta le atraves\u00f3 el muslo derecho. Gatts solt\u00f3 una carcajada. Se arranc\u00f3 la flecha y se abalanz\u00f3 renqueante hacia su agresor. Este, lejos de amilanarse, desenvain\u00f3 la espada y le infligi\u00f3 un severo corte en la otra pierna. Gatts qued\u00f3 arrodillado. Se le nublaba la vista. Ya quedaban unos pocos soldados en liza. En unos instantes vendr\u00eda la segunda oleada. Levant\u00f3 la mirada de la tierra h\u00fameda para ver como la hoja de su atacante le ca\u00eda a plomo sobre su cabeza. \u201cNo estaba, \u00bfd\u00f3nde hab\u00eda ido?\u201d \u2013 segu\u00eda interrog\u00e1ndose. A pocos cent\u00edmetros del fatal golpe, Gatts pudo interponer su escudo que se astill\u00f3 en mil pedazos. Sacando fuerzas de flaqueza, embisti\u00f3 desde el suelo a su enemigo que qued\u00f3 tumbado. Sin dudarlo, se le ech\u00f3 encima, desenfund\u00f3 su estilete y le seccion\u00f3 la car\u00f3tida. El sarraceno pereci\u00f3 sonriendo. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no estaba?\u201d \u2013 volv\u00eda a preguntarse. Gatts se apoy\u00f3 en su espada y trat\u00f3 de levantarse. El esfuerzo fue en vano, hab\u00eda perdido mucha sangre. Se desplom\u00f3 boca arriba observando las estrellas. Ahora estaba seguro, el miedo les hab\u00eda abandonado.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts cogi\u00f3 una bocanada de aire. No hab\u00eda tiempo para relajarse. El segundo asalto estaba cerca y, si no se pon\u00eda en pie de inmediato y regresaba a su l\u00ednea en la formaci\u00f3n, ser\u00eda carne de ca\u00f1\u00f3n para el grueso de las tropas enemigas. El ambiente ya ol\u00eda a podredumbre. Las heridas a\u00fan le dol\u00edan, pero Gatts se arm\u00f3 de valor y se arrastr\u00f3 hasta las filas cristianas. Una vez all\u00ed, le pusieron un par de vendas para frenar las hemorragias y ya se dispuso en su sitio preparado para recibir \u00f3rdenes de nuevo.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>En el pelot\u00f3n, los soldados rasos hablaban despreocupados bajo la mirada reprobadora de los generales. Al igual que horas antes, unos comentaban c\u00f3mo le pedir\u00edan la mano a la hija del se\u00f1or sin temer las posibles consecuencias. A diestro y siniestro se o\u00edan las voces de los hombres m\u00e1s humildes dispuestos a hacerse escuchar. El mismo Gatts se hab\u00eda empezado a cuestionar el por qu\u00e9 iban a conquistar a los infieles si, al fin y al cabo, eran hombres como los dem\u00e1s.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Pasaron los minutos y los sue\u00f1os de unos y otros se diluyeron en la noche. Hab\u00eda llegado el momento de la verdad, los dos ej\u00e9rcitos reagrupados volv\u00edan a encontrarse cara a cara. Los tambores de guerra lat\u00edan de nuevo. La infanter\u00eda al frente, los arqueros detr\u00e1s, la caballer\u00eda cubriendo la retaguardia. Los generales repasaban sus filas y las preparaban para el \u00faltimo asalto. Sonaron los cuernos de guerra y descargaron las primeras ballestas. Pronto los dos bandos se vieron inmersos en la batalla. Gatts repel\u00eda las embestidas de los moriscos, pero no contraatacaba. Se limitaba a defender a la expectativa. Los golpes de sus rivales no se parec\u00edan en nada a los de la escaramuza anterior. Los capitanes arengaban a sus compatriotas, pero los v\u00edtores no surt\u00edan efecto. La danza prosegu\u00eda y, entonces, con la llegada del alba, en lo alto de los montes colindantes aparecieron recortadas centenares de figuras. Eran los habitantes de la regi\u00f3n, dispuestos a pelear por su tierra y a expulsar a los invasores. Al un\u00edsono, corrieron desde las carenas como una horda de salvajes abalanz\u00e1ndose sobre los agresores blandiendo sus horcas, sus hoces, sus palos y sus hachas. Los campesinos no distingu\u00edan a moros de cristianos, fueron directamente a por los cabecillas, arrasando con todo lo que se interpon\u00eda a su paso. Gatts se les uni\u00f3. Al fin volv\u00eda a encontrar una motivaci\u00f3n para luchar. Y como \u00e9l, muchos m\u00e1s le siguieron. La batalla recobr\u00f3 la fiereza. De nuevo volaban extremidades en vez de cometas y los charcos de sangre se alimentaban de carne fresca. Gatts no pod\u00eda dejar de re\u00edr.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Poco a poco fue amaneciendo. El sol estaba escondido detr\u00e1s de una espesa capa de nubes de tormenta que presagiaban el devenir de la batalla. Entre choque y choque, Gatts pudo divisar una nueva silueta en lo alto de la colina m\u00e1s cercana. Un escalofr\u00edo le recorri\u00f3 el cuerpo. Se deshizo de su en\u00e9simo oponente atraves\u00e1ndole el cuello con la espada y puso rumbo a la cima. El pulso le temblaba. Toda la contienda parec\u00eda verse arrastrada hacia all\u00ed. Hac\u00eda fr\u00edo, viento, hab\u00eda empezado a llover, ten\u00eda los huesos calados de humedad. A los lugare\u00f1os se les estaba agotando la energ\u00eda. Era como si una presencia les estuviera absorbiendo las fuerzas. Sab\u00eda lo que ocurr\u00eda, el miedo hab\u00eda regresado.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts se abr\u00eda paso cada vez con m\u00e1s facilidad. Los hierros rivales ya no opon\u00edan resistencia, sus hojas se doblaban al igual que lo hab\u00eda hecho su voluntad. Ya s\u00f3lo se o\u00edan sus botas rompiendo el manto de escarcha. Metro a metro, lleg\u00f3 a la cumbre. El miedo le aguardaba. Era un ser oscuro, que se tragaba toda la luz a su alrededor. Los guerreros, los campesinos que instantes antes combat\u00edan embravecidos, tiritaban ahora indefensos, las manos, los pies, el pecho, los labios hab\u00edan quedado completamente inm\u00f3viles, paralizados. Apenas pod\u00edan sostener sus armas, s\u00f3lo quer\u00edan huir, pero el pavor que se hab\u00eda adue\u00f1ado de sus almas se lo imped\u00eda. \u00bfC\u00f3mo hab\u00edan osado ser tan intr\u00e9pidos? \u00bfC\u00f3mo se hab\u00edan atrevido a revelarse contra el orden establecido? Las l\u00e1grimas les brotaban de sus ojos a borbotones. Hab\u00edan ca\u00eddo postrados ante aquel ser que todo lo pose\u00eda.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Gatts no estaba dispuesto a sucumbir. Sin miedo, quedaba al descubierto la m\u00e1s pura naturaleza humana. Cada cu\u00e1l har\u00eda lo que desease, sin temor a las represalias, sin temor a las opiniones de los dem\u00e1s, a ser rechazado, a no cumplir con las expectativas. Prevalecer\u00eda la maldad o se impondr\u00eda la bondad. Daba igual\u2026 sin miedo, todos ten\u00edan una oportunidad. Gatts agarr\u00f3 con firmeza la empu\u00f1adura de su espada. Se plant\u00f3 delante del ser oscuro y proclam\u00f3 al viento. \u201c\u00a1No te tengo miedo!\u201d. Alz\u00f3 el hierro, le atraves\u00f3 el vientre y as\u00ed pudo apaciguar sus insaciables ansias de venganza.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->","_en_post_name":"","_en_post_excerpt":"","_en_post_title":"Campo de batalla","edit_language":"es"},"categories":[119],"tags":[129,133,134,125,126,146,145,130,131,132,135,127],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357"}],"collection":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=357"}],"version-history":[{"count":5,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":366,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357\/revisions\/366"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/359"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=357"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=357"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=357"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}