{"id":367,"date":"2015-01-04T19:29:08","date_gmt":"2015-01-04T19:29:08","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost:8888\/?p=367"},"modified":"2015-02-04T01:23:27","modified_gmt":"2015-02-04T01:23:27","slug":"","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/el-monstruo-de-las-acelgas\/","title":{"rendered":"","raw":""},"content":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"excerpt":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"author":1,"featured_media":358,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"image","meta":{"_ca_post_content":"<span class=\"dropcap\">N<\/span>o me gustan las acelgas.\r\nPero vamos Pablo, ya estamos con lo de siempre \u2013protest\u00f3 su madre.\r\nS\u00ed\u2026 \u2013reconoci\u00f3 cabizbajo.\r\n\r\nSu madre suspir\u00f3 arm\u00e1ndose de paciencia.\r\n\r\nSi ya sabes que al final te las tienes que terminar comiendo\u2026 -argument\u00f3 tratando de evitar la historia de todos los lunes-. Anda, vamos, c\u00f3mete las acelgas.\r\nS\u00ed, lo s\u00e9 \u2013volvi\u00f3 a repetir a\u00fan con la mirada en el plato-. \u00a1Pero esta vez ser\u00e1 distinto! \u2013se alz\u00f3 de la silla y clav\u00f3 desafiante los ojos en los de su madre-. \u00a1No me las voy a comer! \u00a1Se acabaron las acelgas!\r\n\r\nPaula suspir\u00f3 de nuevo, esta vez m\u00e1s profundamente.\r\n\r\nVamos cari\u00f1o, no te me pongas as\u00ed \u2013trat\u00f3 de ser m\u00e1s conciliadora-. Si son s\u00f3lo un platito de acelgas, que ya te he puesto pocas porque s\u00e9 que no te gustan.\r\n\u00a1Que no! \u00a1Que basta de acelgas! \u00a1Son asquerosas!\r\nPues mi amor, sabes que sin acelgas no hay ordenador\u2026\r\nNoooo\u2026 \u2013protest\u00f3 Pablo.\r\n\r\nSe agach\u00f3 para coger la servilleta que hab\u00eda ca\u00eddo al suelo y se volvi\u00f3 a sentar de mala gana. Observ\u00f3 con recelo aquella viscosa masa verde que se ergu\u00eda imponente en el plato. Le clav\u00f3 la cuchara con todas sus fueras e hizo una primera tentativa de llev\u00e1rsela a la boca. En cuanto la masa verde hizo contacto con sus labios, no lo pudo soportar.\r\n\r\n\u00a1Que no mam\u00e1, que no! \u2013estall\u00f3- Que al igual que a ti te gusta el vecino de enfrente, a m\u00ed no me gustan las acelgas.\r\n\u00a1Pero vamos! \u00bfSe puede saber qu\u00e9 tonter\u00edas dices? -\u00bfde d\u00f3nde habr\u00eda sacado Pablo aquella absurdidad? Se ruboriz\u00f3 Paula-. \u00a1Anda c\u00e1llate, y c\u00f3metelas de una pu\u00f1etera vez que ni las has probado!\r\n\r\nA Pablo se le enturbi\u00f3 la mirada. Trag\u00f3 saliva y ya le entr\u00f3 aquella desagradable sensaci\u00f3n de arcadas. Su madre se apresur\u00f3 a pegarle otro grito y a Pablo le saltaron las l\u00e1grimas de los ojos. Las acelgas se empezaron a mojar. A la pobre madre de Pablo se le romp\u00eda el coraz\u00f3n cada vez que su hijo lloraba. Trat\u00f3 de consolarle dici\u00e9ndole que el plato se iba a convertir en una sopa de acelgas y que as\u00ed a\u00fan sabr\u00edan peor. Las l\u00e1grimas y sollozos de Pablo brotaron a\u00fan con m\u00e1s fuerza, \u00e9l odiaba la sopa. Le sigui\u00f3 insistiendo que no, que comer acelgas era lo peor del mundo, peor que cuando su hermana le robaba sus peluches, peor que cuando a ella se le quemaba el arroz y se pon\u00eda hist\u00e9rica. Paula contraatacaba de nuevo con el ordenador, con la televisi\u00f3n, con los dichosos peluches\u2026 Pablo berreaba y berreaba, berreaba cada vez m\u00e1s.\r\n\r\nEl toma y daca sigui\u00f3 varios minutos hasta que a Paula se le acab\u00f3 la paciencia y dio un mamporrazo en la mesa. Pablo qued\u00f3 mudo del sobresalto. El plato de acelgas tembl\u00f3.\r\n\r\n\u00a1Ya est\u00e1 bien! \u2013vocifer\u00f3. Suspir\u00f3 una tercera vez a\u00fan m\u00e1s profundamente trat\u00e1ndose de calmar-. \u00bfPero es que Pablo, no lo entiendo, por qu\u00e9 no te comes las acelgas sin son iguales que las espinacas?\r\n\r\nPablo la mir\u00f3 sorprendido. La respuesta era evidente.\r\n\r\nPorque las espinacas molan.\r\n\u00bfC\u00f3mo que molan?\r\nPues claro, se las come Popeye.\r\n\r\nLa madre de Pablo entonces lo vio claro y cambi\u00f3 de estrategia.\r\n\r\n\u00bfPero t\u00fa no sabes la historia del monstruo de las acelgas? \u2013le pregunt\u00f3 a Pablo.\r\nNo\u2026 \u2013contest\u00f3 \u00e9l t\u00edmidamente.\r\n\r\nPablo se sent\u00f3 atento. Igual las acelgas tambi\u00e9n eran guays y \u00e9l no lo sab\u00eda.\r\n\r\nPues mira, hab\u00eda una vez, en un mundo muy lejano, un peque\u00f1o monstruo al que no le gustaban las acelgas \u2013empez\u00f3 a narrar Paula-. El peque\u00f1o monstruo las arrinconaba d\u00eda tras d\u00eda en una esquina de la mesa, hasta que una ma\u00f1ana se levant\u00f3 y encontr\u00f3 que el plato de acelgas hab\u00eda desaparecido \u2013se detuvo-. El inconsciente Verdi, que as\u00ed se llamaba el monstruo, se puso muy contento, pero a partir de entonces, cada noche, tuvo pesadillas con las acelgas \u2013prosigui\u00f3-. Atormentado, Verdi decidi\u00f3 recorrer el mundo hasta dar con el plato de acelgas para enfrentarse con \u00e9l \u2013Paula escenificaba el cuento cada vez con m\u00e1s \u00edmpetu-. Valeroso, Verdi cruz\u00f3 ci\u00e9nagas y pantanos, atraves\u00f3 grutas y cuevas, hasta llegar exhausto, tras a\u00f1os de traves\u00eda, al limbo donde van todas las acelgas olvidadas \u2013la historia se le estaba yendo de las manos-. El plato de acelgas le esperaba desafiante al borde de un acantilado. El viento soplaba con fuerza y la cabellera de Verdi se ondulaba\u2026 como una acelga \u2013no, no, eso no estaba bien-. Verdi se le acerc\u00f3 lentamente y alz\u00f3 el tenedor para ensartar de una vez por todas a la viscosa masa verde \u2013trat\u00f3 de reconducir la situaci\u00f3n-. Dud\u00f3 un instante al recordar la \u00e1spera sensaci\u00f3n de la verdura desliz\u00e1ndose por su garganta \u2013ya era demasiado tarde, pens\u00f3 Paula, se hab\u00eda dejado llevar por su imaginaci\u00f3n y ya no hab\u00eda vuelta atr\u00e1s-, tiempo suficiente para que la horda de acelgas del limbo maldito le engulleran para siempre convirti\u00e9ndole en el terror\u00edfico monstruo de las acelgas \u2013termin\u00f3 con una vil carcajada.\r\n\r\nPablo se qued\u00f3 at\u00f3nito mirando alternativamente a su madre y al plato. Estuvieron unos momentos sin decir nada hasta que Paula no pudo m\u00e1s y rompi\u00f3 el silencio.\r\n\r\nY ahora \u00bfqu\u00e9? \u2013inquiri\u00f3 nerviosa- \u00bfNo te las vas a comer?\r\nMam\u00e1, me dan miedo las acelgas.","_ca_post_name":"el-monstruo-de-las-acelgas","_ca_post_excerpt":"","_ca_post_title":"El monstruo de las acelgas","_es_post_content":"","_es_post_name":"","_es_post_excerpt":"","_es_post_title":"","_en_post_content":"","_en_post_name":"","_en_post_excerpt":"","_en_post_title":"","edit_language":"en"},"categories":[119],"tags":[133,134,136,125,126,142,143,130,131,132,135,127],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/367"}],"collection":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=367"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/367\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":452,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/367\/revisions\/452"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/358"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=367"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=367"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/joanpahisa.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=367"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}